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>>18/11/17 
     
 
Ciencia gratuita en Internet
Publicar en alguna de las grandes revistas de ciencia, como Science o Nature, es un reto para cualquier investigador, pero ya no es su única posibilidad. Desde el pasado mes de octubre, Internet cuenta con un medio de comunicación on-line, la Biblioteca Pública de Ciencia, que pretende convertirse en una referencia para la comunidad científica a la que no será necesario suscribirse.

«Internet brinda la posibilidad de dar a conocer los artículos científicos con sonidos e imágenes animadas que ilustran procesos como el desmembramiento de las células, además de permitir la masificación del progreso, al sacarlo del ámbito universitario», explica Catriona Maccallum, una investigadora escocesa directora de la primera revista de la Biblioteca (PLoS Biology) que ha venido a España a presentar el proyecto, dentro de un ciclo organizado por la Residencia de Estudiantes de Madrid sobre Redes y saberes compartidos.

La idea nació en 2000, de tres investigadores -Herald Varmus, Pat Brown y Miki Eisen- que estaban cansados de abonar las costosas y muy diversas suscripciones de las revistas especializadas para estar al día del progreso. En la Biblioteca son los científicos quienes pagan por publicar, mientras que los lectores tienen el acceso gratis en la Red.

Los fundadores, primero, intentaron crear un lobby que presionara a las revistas para que permitieran a la Biblioteca Pública de Ciencia el acceso gratuito a su material. Unos 30.000 científicos de todo el mundo secundaron la propuesta, pero muchos otros, como reconocía ayer Maccallum, tacharon el proyecto de «ingenuo». Lo único que se logró fue que Science permitiera el acceso a sus artículos un año después de su publicación, demasiado tarde para la velocidad a la que transcurre el avance científico.

GRANDES BENEFICIOS

Maccallum asegura que las revistas tienen un margen de beneficios de hasta el 40%, frente al 10% de una publicación normal, y que el mercado mundial mueve entre 7.000 y 10.000 millones de euros, mucho dinero para renunciar a él. Por ello, dice Maccallum, la carta no tuvo el éxito esperado y se optó por otro sistema: la Biblioteca evaluaría los artículos científicos que les enviaran, como las publicaciones tradicionales, y daría salida a los mejores.

Eso sí, en este caso es el científico, o su institución, quien paga los 1.500 euros que cuesta publicar el texto en Internet, porque, según la editora, «este coste debe incluirse en el presupuesto del proyecto». Si un trabajo es de calidad y los autores no tienen ese dinero, la Biblioteca, que es una organización sin ánimo de lucro, se lo publica gratis. En total, para el segundo número de PLoS Biology, que es mensual, ya han recibido unos 50 artículos, muchos de ellos de jóvenes investigadores a quienes les resulta difícil publicar en las revistas de papel.

Para evaluar esa calidad, la Biblioteca precisaba de un equipo de asesores de prestigio y editores científicos, que contrataron gracias a los nueve millones de euros que consiguieron de la Fundación Gorden and Batty More. Hoy ya tienen seis asesores y 50 editores, que son los responsables de la calidad de los 10 artículos aparecidos en el primer número de PLoS Biology. «En las primeras cuatro horas, medio millón de personas entraron en la web y hubo un artículo sobre inteligencia artificial que tuvo 65.000 entradas la primera semana», afirma la directora.

«Esperamos que con el tiempo publicar en la Biblioteca, que en 2004 sacara PLoS Medicine, sea tan prestigioso como hacerlo en Nature por la calidad de los artículos y porque damos visibilidad a su trabajo», afirma Maccallum.

FUENTE | El Mundo Digital
Autor: Rosa M. Tristán
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