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>>24/11/17 
     
 
La identificación con radiofrecuencia
En las últimas dos décadas, la comunidad de la tecnología de la información ha construido un gran mundo virtual de bases de datos. Toda la información almacenada en esas bases de datos ha sido introducida por humanos o se deriva de datos introducidos por humanos. Los ordenadores han tenido un conocimiento directo del mundo real muy limitado. Sólo han conocido lo que se les ha contado.

Hasta ahora las máquinas de control de procesos de las fábricas, o los sensores de los hornos industriales, no han obtenido suficiente información como para compartir su conocimiento. Por analogía, si su dedo sabe que está caliente, pero no se lo puede contar a su cerebro, ¿verdaderamente lo sabe? Sin ese conocimiento, podrían apartar el dedo de la cocina (reflejo local), pero no tendrían la información en su sistema para saber cómo girar el mando que controla el calor. Todo esto tiene que ver con el cambio, y mucho.

La identificación de radiofrecuencia o RFID está atrayendo la atención de fabricantes y minoristas de productos de consumo que abarcan desde las maquinillas de afeitar hasta la ropa.

En su forma más sencilla, la RFID permite que un objeto, como un paquete de maquinillas de afeitar o una camiseta, lleve información sobre sí mismo y transmita esa información directamente a los ordenadores sin que un ser humano tenga que escribirla. Funciona almacenando la información en un pequeño microprocesador que también se conoce como "etiqueta". Después se puede escanear la información con el equipo adecuado y meter los datos en un ordenador. Como prácticamente todos los ordenadores actuales pueden conectarse con cualquier otro a través de Internet, pronto tendrán la oportunidad de saber no sólo que la cocina está caliente, sino también cómo girar el mando que controla el calor.

Hace muchísimo tiempo que existe la tecnología RFID. En los últimos años se ha empleado para el cobro de peajes en autopistas y puentes. También se usa en la fabricación para seguir el rastro de objetos valiosos, como los componentes de un motor. Entonces, ¿a qué viene toda esta atención repentina? Ahora, tanto el coste de las etiquetas RFID como del equipo para detectar, utilizar y comunicar la información que portan ha empezado a bajar lo suficiente como para hacer que la tecnología sea atractiva para otras aplicaciones de mayor volumen y menor valor.

Gillette tiene previsto realizar la mayor prueba hasta la fecha. La compañía pretende comprar 500 millones de etiquetas a Alien Technology, una cantidad suficientemente grande como para llamar la atención de todo el mundo, aunque resulta insignificante en términos minoristas. "Teníamos que conseguir que cada etiqueta costara menos de cinco céntimos", afirma el portavoz de Gillette, Paul Fox. "Y lo vamos a conseguir".

Pero esto no es más que el principio. Al otro lado del mundo, en Treviso (Italia), la cadena de ropa Benetton también está explorando el uso de esta tecnología. Aunque aún no ha hecho público ningún plan en firme, el máximo responsable de Benetton, Terry Glenn Phipps, está entusiasmado por el potencial de esta tecnología para ayudar a los minoristas de la firma a ejercer su actividad.

Phipps espera que la RFID y las tecnologías asociadas contribuyan a llevar a los pequeños comerciantes de Benetton el tipo de información y control que anteriormente sólo se podían permitir minoristas gigantes como Wal-Mart. En cierto sentido, Gillette y Benetton representan extremos opuestos de un espectro de usos de la tecnología RFID.

Gillette quiere construir un sistema de control que funcione a todas horas y pueda detectar la actividad en la tienda en tiempo real, tanto si se trata de un posible ladrón que se lleva a la vez seis paquetes de la estantería como del agotamiento gradual de las existencias en una mañana de muchas ventas.

Estas posibilidades generan montones de información que tiene poco o ningún valor y precisan unos sistemas de control relativamente sofisticados. Pero, a cambio, dan alertas instantáneas sobre hechos importantes.

La idea de Benetton es más sencilla en muchos sentidos. En lugar de controlar constantemente el estado de sus existencias, lo más probable es que, con el despliegue inicial, los vendedores tengan que utilizar el escáner tras cerrar al público. Benetton espera que finalmente la tecnología facilite el tipo de información que, aun siendo menos inmediata, ayude a la empresa a reaccionar eficazmente ante las condiciones del mercado.

A cambio de esa información menos inmediata, la empresa cuenta con que su sistema sea sencillo de poner en práctica, con lo que será más fácil que gane aceptación y, como consecuencia, acelere su adopción en su red minorista.

Aún vivimos los primeros días de la evolución de esta tecnología y seguiremos presenciando un fermento y una creatividad continuos a medida que los programas y los procesos comerciales sigan desarrollándose, pero también hay muchas cuestiones que resolver. En algunos países, la normativa que regula las transmisiones de radiofrecuencia (que se utilizan para leer las etiquetas RFID) puede afectar a los lugares en que puede utilizarse.

Habrá conflictos con la utilización de la información que se desarrolle. También habrá que solucionar problemas relacionados con la intimidad, como la capacidad de los fabricantes y minoristas de seguir el rastro de los productos cuando hayan salido de la tienda. Quizá este aspecto se exagere, pero es seguro que atraerá mucha atención. Tal vez eso sea lo bueno.

Si prestan de antemano suficiente atención a estos asuntos, es posible que los expertos en desarrollo consigan unas normas políticas que puedan garantizar que no se seguirá el rastro de los productos después de la venta. En todo caso, es enorme el valor en potencia de una información más exacta y puntual sobre el movimiento de los productos en toda la cadena de valor.

FUENTE | El País Digital
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