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>>18/11/17 
     
 
Anécdotas y errores en la sociedad interconectada
La sociedad ha incorporado las nuevas tecnologías con velocidad y entusiasmo inesperados. Sin embargo, la interpretación de los efectos sociales de este cambio ha resultado menos precisa, moviéndose, según el autor, entre el error y la anécdota.

Se han descrito con profusión y frecuencia los atributos del cambio tecnológico. Hemos acordado hace tiempo que el nuevo mundo iba a ser digital, y la nueva tecnología sería ubicua, móvil, personal, e interactiva. Todo ello ha resultado ser cierto. La sociedad ha incorporado las nuevas tecnologías con una velocidad y entusiasmo que quizá nadie esperaba. Sin embargo, la interpretación de los efectos sociales de este cambio ha resultado menos precisa, moviéndose entre el error y la anécdota. Un error tremendo en plazos y aún mayor en conceptos. Toda la sociedad pagó muy caro ese error. La euforia mal orientada alimentó la burbuja tecnológica que enriqueció a algunos afortunados, empobreció a muchos y desilusionó a todos.

Al mundo de las anécdotas pertenecen los adolescentes que chatean o los jóvenes que se pasan las convocatorias o las consignas. Las anécdotas buscan, y consiguen, excitar el asombro del público. Si volvemos al error, la principal desorientación está en la identificación de los vectores y actores del cambio.

Se pensaba que los usuarios iban a seguir haciendo lo mismo que antes, sólo que de otra manera. Y por ello se ha invertido mucho esfuerzo en transportar conceptos (publicidad, medios de comunicación, plataformas comerciales) a las nuevas plataformas tecnológicas. Como siempre antes en la Historia de la Humanidad, los nuevos medios implican nuevos comportamientos, y eso nadie lo previó.

Los actores tampoco fueron los que se esperaban. No fueron instituciones, públicas o privadas. Fueron los propios ciudadanos. Tanto es así, que en realidad los contenidos más exitosos son los que ofrecen plataformas de gestión de relaciones particulares.

La sociedad ha generado por su cuenta esos potentes vectores ocultos de cambio. Tremendamente potentes, porque sin duda nos afectan a todos de forma decisiva. Ocultos, porque muchos no se aprecian a simple vista. Las anécdotas son sólo síntomas. Se ha creado una comunidad de ciudadanos interconectados. Una comunidad que en realidad es un mosaico de muchas comunidades, que estructuran nuevos modelos de relaciones que transcienden los límites políticos, geográficos y sociales. En esta comunidad los usuarios se intercomunican con intensidad y frecuencia crecientes. Cada vez más usan estos medios para informarse y crear criterio sobre sus decisiones. También para requerir de las instituciones la información precisa para tomar esas decisiones. La inmediatez y la interactividad permiten que el nivel de expectativas y exigencia sea creciente.

Los ciudadanos interaccionan entre sí, y cada vez más buscan y encuentran a los seres humanos que hasta ahora se ocultaban dentro de las instituciones. Se puede considerar posible conocer los pensamientos personales de los líderes sociales que se hacen transparentes a través de medios como los weblogs.

Ahora el mundo es una potente plataforma de relaciones personales. En este momento las instituciones, las empresas, tienen el desafío sobre sus mesas. Los consumidores, los votantes, esperan relacionarse con ellas. De igual a igual. Si piden información desean recibirla. Si quieren opinar, desean poder hacerlo. Si desean quejarse esperan ser atendidos. Siempre, en todas partes, en todos los casos. Incluso los profesionales, los trabajadores más cualificados, los proveedores del talento que finalmente aporta el éxito en el negocio del siglo XXI, desean cada vez más encontrar la posibilidad de que su empresa les ofrezca la posibilidad de trabajar como viven.

El relevo está en las empresas. En España, con miles de pequeñas compañías y un enorme peso del sector de los servicios, este desafío es especialmente relevante. La que no responda o que no esté disponible para sus clientes o consumidores, quedará fuera del mercado en poco tiempo. No tendrá credibilidad ni relevancia.

La buena noticia es que el tamaño, aquí no importa. El talento, la imaginación, la sintonía con el ser humano son los factores que crearán la diferencia. Veamos si los españoles poseemos tales cualidades.

FUENTE | Cinco Días
Autor: Manuel Sastre
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