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>>24/11/17 
     
 
El futuro es de las etiquetas inteligentes
La tecnología RFID, que permite la identificación de objetos y personas mediante radiofrecuencia, supondrá una revolución superior a la que provocó hace treinta años el código de barras.

El código de barras se ha convertido en un compañero invisible en nuestra vida cotidiana. Nos identifica en las cartas del banco, en la declaración de la renta o en el padrón municipal. ¿Cómo sería la cola del supermercado si no hubiera que pasar los productos por un escáner?

Casi sin ruido, actualmente se está gestando una revolución tecnológica superior a la que supuso hace treinta años el código de barras. Se trata del RFID (identificación por radiofrecuencia). Esta tecnología funciona a través de una etiqueta electrónica, que facilita la identificación de personas y productos. El modo de uso es similar al tradicional código de barras. Al producto que se desea identificar se le añade una etiqueta -emplea microprocesadores equipados con radiotransmisores capaces de almacenar más información que el código de barras- y se utiliza un lector conectado a un ordenador para obtener la información de identificación.

ORÍGENES

Aunque su aparición se remonta a la II Guerra Mundial, cuando se utilizó para identificar a los aviones aliados, su despegue ha sido limitado debido al precio y a la imposibilidad de interconectar los diferentes chips. Ahora que su contenido se ha estandarizado a través del EPC (Electronic Product Code), que combina la tecnología de radiofrecuencia de identificación e Internet, se espera el despliegue del RFID en múltiples aplicaciones.

Según explica Jordi Mur, director de identificación automática de la Asociación Española de Codificación Comercial (Aecoc), "estamos al inicio del camino y no sabemos hasta dónde puede llegar, al igual que ocurrió con Internet". Una de las barreras que ha impedido su desarrollo masivo es su alto precio, aunque se irá abaratando. Si hace un par de años, cada etiqueta inteligente costaba entre 1,50 y 2 euros, hoy es posible comprar un millón de etiquetas a 0,2 euros la unidad.

Los fabricantes consideran que este año marcará un punto de inflexión en su implantación. Según la consultora AMR, en 2008, el negocio alrededor de esta tecnología ascenderá a 4.000 millones de dólares (3.167 millones de euros) y, en 2015, llegará a 25.000 millones de dólares (19.794 millones de euros).

Uno de los sectores donde se prevé un mayor impacto es la gran distribución. Wal-Mart, la mayor cadena de distribución mundial, ha pedido a sus cien mayores proveedores, como Gillette, que incluyan la etiquetas inteligentes en sus suministros desde enero de 2005.

PROYECTOS ESPAÑOLES

En España, tanto fabricantes como distribuidores están trabajando internamente en su implantación, pero, como se considera una ventaja competitiva, pocos quieren reconocerlo públicamente. En fase de pruebas lo están analizando KH Lloreda, el fabricante del desengrasante KH7, Misaco o AcMarca.

La Asociación Textil de Galicia (Atexga), que agrupa compañías como Adolfo Domínguez, Roberto Verino o Antonio Pernas, ha invertido junto con la multinacional estadounidense Sun Microsystems cerca de un millón de euros para aplicar el RFID y subsanar los problemas de distribución y control de stocks de la producción.

La tecnología RFID ya está presente en los telepeajes de las autopistas y en los chips de identificación de animales domésticos. Incluso la discoteca barcelonesa Baja Beach Club ofrece a sus clientes implantarse el Vip Verichip, que facilita el acceso y saldo disponible para gastar.

Las aplicaciones que se vislumbran a futuro son muy variadas. El Archivo Internacional Central de Objetos de Arte ha desarrollado un proyecto para identificar las obras de arte y mejorar su seguridad mediante RFID.

También puede resultar útil para el control de activos, y así lo consideran algunas empresas constructoras, que tienen una fuerte inversión en material.

Esta tecnología puede ser un buen aliado en la prevención de errores médicos en los centros sanitarios, gracias a la mejor identificación de los pacientes o de su medicación. En el ámbito del hogar, la nevera inteligente detectará cada vez que se extrae un producto y podrá tener siempre actualizado el inventario.

Las empresas farmacéuticas utilizan los rótulos RFID en embalajes para luchar contra la falsificación y el robo de medicinas. Según las estimaciones del sector, alrededor del 30% de los medicamentos en el mundo en desarrollo y hasta el 10% en los países industrializados son falsificados.

Las bibliotecas están optando por esta tecnología para automatizar el préstamo y la devolución de libros, utilizando escáneres ubicados en anaqueles o en dispositivos portátiles. La Biblioteca del Vaticano, que contiene una colección de cuarenta millones de libros y manuscritos, comenzó en 2003 a utilizar tecnología RFID.

EL 'GRAN HERMANO' QUE TODO LO VE

La implantación del RFID no está extenta de críticas. Hay quien teme que los datos que contengan documentos de identidad o pasaportes puedan ser leídos por cualquiera con un lector de mano, de forma que tendrían acceso a información privada. También se advierte de que se pueden utilizar para averiguar cuáles son nuestros hábitos de vida y consumo sin nuestro consentimiento. Esto sería técnicamente factible puesto que un producto dotado de una etiqueta inteligente podría ser rastreado incluso fuera de la tienda donde se ha adquirido. De la misma manera, un consorcio de transportes puede saber los movimientos de un individuo desde que entra en el suburbano.

FUENTE | Expansión
Autor: I. Elizalde / M. Prieto
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