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>>22/11/17 
     
 
Inteligencia artificial, sí, pero parcial
Decisiones, errores, autocrítica, compromiso en un objetivo colectivo, entusiasmo, confianza, ayuda solícita, miedo... ¿Se puede realmente construir una máquina que se parezca tanto a un ser humano? Hace 50 años pareció factible y no muy lejano al puñado de científicos que propuso, por vez primera, la inteligencia artificial (IA).

En la conmemoración de ese medio siglo de investigación, los expertos presentan sus muchos logros en la imitación de capacidades inteligentes parciales, así como la amplitud, riqueza y variedad de su trabajo, pero Hal 9000 sigue en el limbo de la ficción, cinco años después de 2001.

"Sé que últimamente he tomado muy malas decisiones, pero puedo asegurarle que mi trabajo se normalizará. Todavía tengo gran entusiasmo y confianza en la misión, y quiero ayudarle". El que así habla es, para muchos, el mito de ficción que mejor simboliza la inteligencia artificial. Él mismo se describe: "Soy una computadora Hal 9000. Fui puesto en funcionamiento en las instalaciones H.A.L. en Urbana, Illinois, el 12 de enero de 1992". Se trata del protagonista de la película 2001,una odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968) y reconoce que tiene miedo ante la lobotomía que le practica el astronauta Dave Bowman cuando éste se percata de que el inteligente ordenador, por motivos desconocidos, ha matado a todos sus compañeros de tripulación en la nave Descubrimiento, que se dirige a Júpiter.

"La lección más importante que hemos aprendido en este medio siglo es que lo que parecía fácil ha resultado ser lo más difícil y lo que parecía difícil ha resultado ser más fácil", dice Ramón López de Mántaras, científico del Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial (IIIA- CSIC, Barcelona). "En 1956, por ejemplo, parecía más complicado desarrollar un sistema capaz de diagnosticar enfermedades que hacer un robot que caminase sobre dos patas o un sistema de visión artificial capaz de describir una escena y analizarla. Pero resulta que todo lo relacionado con la percepción, el aparato sensor y motor es extraordinariamente difícil", explicaba el investigador recientemente en Barcelona, en la inauguración del ciclo conmemorativo de la IA que ha organizado en colaboración con Cosmocaixa.

A grandes rasgos la IA suele tener como referencia la imitación de la inteligencia biológica, a ser posible humana. ¿Pero, es realmente un objetivo realista? ¿Se logrará alguna vez hacer una máquina cuya mente sea indistinguible de la producida en el hombre por millones de años de evolución? ¿Son inteligentes, aunque de una forma parcial, limitada y primitiva, algunos sistemas y máquinas ya en funcionamiento, como sistemas expertos, buscadores de información en Internet o programas que distribuyen los vuelos de las compañías aéreas en todo el mundo?

La cuestión es que la misma definición de IA, o incluso de esa inteligencia natural que se pretende imitar artificialmente, se diluye a menudo en mil matices.

John McCarthy, uno de los padres del concepto, afirmaba hace un par de años: "Inteligencia es la parte computacional de la habilidad de alcanzar logros en el mundo. Varios tipos y grados de inteligencia se dan en las personas, en muchos animales y en algunas máquinas". Pero a continuación reconocía que hasta ahora no se ha logrado fijar una definición al margen del referente humano. "El problema es que no podemos aún caracterizar en general qué tipo de procedimientos computaciones queremos denominar inteligentes; entendemos algunos de los mecanismos de la inteligencia y no otros".

Para unos especialistas, la IA tiene que ir ligada a la interacción de la máquina con el entorno y la inteligencia corpórea -el robot-, que cumple el ciclo percepción-cognición-acción, resulta imprescindible. Pero no estarán de acuerdo con esto, por ejemplo, quienes consideren que las computadoras que juegan al ajedrez, batiendo a los grandes maestros internacionales, están en la cima de la IA actual, aunque no sean capaces de ver el tablero ni de mover las piezas por sí mismas.

Para otros, esa interacción con el entorno puede ser virtual, no necesariamente física, de forma que Internet, por ejemplo, se llenará de inteligencia artificial. La situación, además, se ha complicado -o enriquecido- mucho en los últimos años. Carlos Sierra, investigador del IIIA, llama la atención sobre la emergencia de la inteligencia social en la pasada década, asociada a las redes informáticas, como contrapunto de la tradicional inteligencia individual. Se trata de conseguir que un grupo de programas de ordenador o de robots solucionen problemas, explica, por lo que la interacción y la comunicación ganan relevancia.

En este enfoque adquieren toda su importancia científica las competiciones de fútbol entre robots con forma de perro que, al integrarse en equipos de varios jugadores, persiguen el objetivo común de esquivar a sus contrincantes y marcar goles con una pelota del tamaño de una naranja. Incluso pueden aprender de la experiencia, de las jugadas que hacen.

Lejos de los perros futbolistas podrían estar los filósofos que trabajan en IA. Javier Taravilla, de la Universidad Autónoma de Madrid, se ocupa de los argumentos a favor y en contra de la posibilidad de desarrollar mentes mecánicas, de la relación mente/ordenador. Reconoce que los ordenadores cumplen ya, "aunque sea a muy bajo nivel", funciones inteligentes y señala: "Hoy en día, se entiende que en IA el acto inteligente no es sólo lo que hace la máquina, el ordenador, de modo individual, sino en red, lo que se hace entre máquinas y humanos o incluso entre máquinas y máquinas".

La imitación fiel del ser humano como vía de alcanzar la IA, parece descartada por los especialistas. Al fin y al cabo, dicen, hay mucho de innato en la persona, y mucho de socialización, de aprendizaje. Por si fuera poco, ni siquiera los neurocientíficos saben exactamente cómo funciona el cerebro humano para orientar a los expertos que pretendan imitarlo.

"No resulta fácil definir qué es inteligencia. Me gusta pensar que es tener una reacción apropiada ante cualquier circunstancia", comentaba Arthur Clarke, coautor de 2001: Una odisea del espacio, en una entrevista con el escritor David G. Stork.

Por el contrario, para Enric Plaza, del IIIA, la definición es sencilla y directa. "La IA es un programa de investigación". Él se dedica al desarrollo del denominado razonamiento basado en casos (CBR, en sus siglas en inglés), mediante el cual la máquina -el ordenador- intenta solucionar problemas nuevos buscando paralelismos con casos antiguos que tiene almacenados y adaptando esa experiencia al reto que se le presente.

Con un enfoque similar López de Mántaras muestra en su laboratorio los resultados de un programa diseñado para exhibir una cierta creatividad artificial partiendo de conocimientos musicales introducidos en el sistema y de ejemplos de interpretaciones musicales hechas por humanos. La máquina, así, es capaz de cambiar el tempo de una pieza de jazz preservando la expresividad. El investigador no duda en definir el sistema como dotado de IA y apunta sus aplicaciones posibles en la industria musical.

También los perros mecánicos que interaccionan con el entorno se inscriben en una estrategia, a largo plazo, de utilidad práctica, si se piensa en robots que sustituyan a los humanos o que los ayuden en multitud de tareas, desde cuidar a enfermos hasta hacer la compra en casa o conducir vehículos. No hay razón para pensar que la convivencia con esas máquinas tenga que incomodar a los humanos, dice Manuela Veloso, experta en IA de la Universidad Carnegie Mellon (EE.UU.): "Al fin y al cabo, un robot no tiene por qué ser esencialmente diferente de una nevera, y además, estamos ya acostumbrados a tener un montón de tecnología alrededor", dice.

SISTEMAS ESPECIALIZADOS

De momento la IA está creando sistemas parciales, eficaces pero muy especializados. Reconocimiento de voz o de imágenes, sistemas de traducción, lenguaje natural, aprendizaje, razonamiento, procesos cognitivos, robótica y redes informáticas son algunos ejemplos de las múltiples áreas de desarrollo de la IA en todo el mundo.

Aunque la mayor parte de la investigación tiene como horizonte, a corto y medio plazo, profundizar en las inteligencias especializadas, sigue pendiente la cuestión de si es posible unir todas esas capacidades para crear una IA general, tan versátil y variada como la natural. Pero no parece que la cosa vaya a ser tan simple como sumar fragmentos de IA en una máquina -no necesariamente con forma de robot humanoide- y hacer que funcione todo de manera coordinada para imitar a una persona.

En cuanto a rasgos humanos como la curiosidad, la ensoñación o las emociones, parece que quedan fuera de los laboratorios de IA e ingenieros, informáticos, físicos, neurocientíficos y biólogos suelen eludir el tema, tirando la pelota hacia el tejado de otras áreas de conocimiento.

La pregunta de si se podrá algún día construir máquinas como Hal 9000 sigue siendo oportuna, y hay división de opiniones. López de Mántaras tiene sus dudas ya que esa computadora "tiene una inteligencia artificial general indistinguible de una inteligencia humana y para ello debería tener vivencias humanas, lo cual es prácticamente imposible".

Sierra, sin embargo, no duda la respuesta acerca de la viabilidad del célebre cerebro artificial de ficción: "Por supuesto". ¿Habrá incluso máquinas que se vuelvan locas, como Hal 9000 en la película? "Sí, ¿por qué no? Y habrá psiquiatras de robots", añade con una sonrisa.

EL VERANO DE 1956

En 1956, la formulación de la Inteligencia Artificial (IA) parecía diáfana y casi al alcance de la mano. Al menos así se desprende del plan de los que son considerados los cuatro padres del término: John McCarthy, Marvin Minsky, Nathaniel Rochester y Claude Shanon. Su documento original decía: "Nosotros proponemos que se realice un estudio sobre inteligencia artificial, por 10 personas trabajando dos meses en el verano de 1956 en el Darmouth College de Hannover (New Hampshire). El estudio se desarrollará sobre la base de la conjetura de que todo aspecto del aprendizaje o cualquier otro rasgo de inteligencia puede, en principio, ser descrito con tal precisión que puede hacerse una máquina que los simule. Se intentará averiguar cómo lograr que las máquinas utilicen el lenguaje, formulen abstracciones y conceptos, resuelvan problemas ahora reservados a los humanos y se mejoren a sí mismas. Creemos que se puede lograr un avance significativo en uno o más de estos problemas si un grupo cuidadosamente seleccionado de científicos trabaja en ellos, todos juntos, durante un verano".

La utilización del lenguaje, las redes neuronales, la automejora de la máquina, la formación de abstracciones, la creatividad eran algunos de los temas sugeridos para empezar a trabajar. El objetivo era diáfano: simular la inteligencia humana explotando las capacidades de las computadoras.

Ahora que han pasado 50 años, numerosos congresos y reuniones en todo el mundo están en marcha para evaluar lo alcanzado y hacer planes con vistas al futuro. En enero de 2007, como colofón de las actividades, se celebrará en India la Conferencia Internacional de Inteligencia Artificial, que preside Ramón López de Mántaras.

MANUELA VELOSO: LOS ROBOTS NO TIENEN QUE SER INTELIGENTES CONTINUAMENTE

Manuela Veloso entrena un equipo de fútbol muy especial que cuenta con varios trofeos internacionales en su haber. Su equipo tiene cuatro jugadores y el campo mide unos pocos metros cuadrados. Los entusiastas seguidores son casi todos científicos e ingenieros, no por ello menos apasionados por los pases de pelota, los regates, las combinaciones y los goles. Lo peculiar es que esos cuatro jugadores (ocho, contando con los del contrincante) son robots, con forma de perro, programados por expertos en Inteligencia Artificial (IA). Veloso es profesora de ciencias de la computación en la Universidad Carnegie Mellon (EE.UU.) y el equipo de robots que dirige es uno de los favoritos en los campeonatos que organizan científicos de IA de todo el mundo como banco de pruebas. Veloso nació en Lisboa (1957) y lleva más de 20 años en EE.UU. dedicándose a la investigación. Con una conferencia sobre Equipos de robots con percepción, cognición y acción ha inaugurado en Barcelona el ciclo que Cosmocaixa dedica este año al 50º aniversario de la IA.

Pregunta. ¿La IA siempre tiene como referencia la inteligencia humana? Respuesta. Sí, creo que la referencia es la capacidad de actuación humana. Nosotros tomamos decisiones inteligentes, pero también fallamos y rectificamos, o volvemos a fallar.... Lo mismo los robots: no tienen que ser inteligentes continuamente, probablemente cometerán errores y aprenderán a hacerlo mejor. No me parece que los humanos seamos inteligentes máquinas pensantes 24 horas al día. P. ¿Cómo define la IA? R. Es la ciencia que intenta crear un cuerpo físico capaz de pensar, con capacidad de percepción del mundo, de moverse y de desenvolverse en el entorno...

P. ¿Y de qué son capaces sus robots futbolistas? R. Los programamos para que jueguen al fútbol y tienen así capacidades de percepción que les permiten detectar objetos específicos, como la pelota. Saben dónde está la pelota y la portería; también saben dónde están sus oponentes y sus compañeros de equipo, colaboran con ellos, se comunican, y así se colocan en posiciones correctas para hacer pases, recibirlo o lanzar a gol. Desde el punto de vista científico es muy interesante que sepan trabajar en equipo para alcanzar el objetivo, y cumplen el ciclo completo de percepción, cognición y acción.

P. ¿Nadie los dirige cuando están jugando? R. No. Son completamente autónomos, no hay control remoto alguno. Los programamos antes del juego, pero cuando empieza el partido dependen completamente de sí mismos.

P. ¿Son capaces de aprender? R. Estos pueden aprender en experimentos, por ejemplo, mejoran su velocidad de desplazamiento, pero en el partido no aprenden mucho. Otras máquinas sí que lo hacen: las programamos para que obtengan una recompensa (una puntuación) si logran el objetivo que marcamos, de manera que se van adaptando con las opciones más favorables.

P. Desde hace años hay máquinas que juegan estupendamente al ajedrez, incluso contra campeones mundiales. ¿Hay más inteligencia en el fútbol que en el ajedrez? R. Ha habido un desplazamiento respecto a lo que se considera que es inteligencia para una máquina. Jugar al ajedrez es difícil, pero la máquina normalmente no ve el tablero, ni mueve las piezas, es un ordenador que sólo piensa; por supuesto, las elecciones que hace son inteligentes. Pero los seres humanos lo son en muchos otros aspectos. Al buscar una puerta en el aeropuerto, por ejemplo, hay mucho trabajo de procesamiento y de percepción: mi avión está en la salida 23 y yo encuentro el camino viendo las señales, interpretando las flechas, sabiendo que está entre la 20 y la 30... A lo mejor no le parece una actividad muy inteligente, pero hay que llegar a la puerta... Y el fútbol exige una planificación para la consecución de un objetivo, percepción, planificación, etcétera.

P. Así que sus robots son inteligentes. R. Lo son en el sentido de que son autónomos. En cuanto a si toman siempre decisiones inteligentes.... ¿Qué es una decisión inteligente universal? Lo importante es que pueden aprender de la experiencia, cometer un error y mejorar. Y estos robots son un banco de pruebas muy bueno para ensayar la actuación en equipo, lo que significa que tienen que intercambiar información entre ellos, repartirse tareas y colaborar. El objetivo de la investigación es avanzar en el desarrollo de equipos de robots que se desenvuelvan en entornos llenos de incertidumbre, dinámicos, cambiantes.

P. ¿Qué aplicaciones tendrían? R. Imagine un grupo de robots ocupándose del tráfico en una ciudad, cada uno cubriendo un área e intercambiando información y decisiones entre ellos. Otro ejemplo sería un equipo de rescate coordinando su actuación... con robots que incluso tengan capacidades diferentes pero complementarias, o una granja de vacas donde unas máquinas ordeñan y otras están capacitadas para transportar líquidos.

P. ¿Es importante el aprendizaje a través de la experiencia? R. Es uno de los grandes temas, si no la esencia misma, de la IA, porque cuando escribimos programas para los robots basados en lo que pensamos que va a ser el entorno en el que van a desenvolverse, son incorrectos o incompletos. A menos que programes un robot para que sea capaz de ajustarse a las situaciones, es decir, de aprender, nunca podrá manejar situaciones complejas. Si entendiéramos perfectamente cómo aprendemos los humanos, cómo pensamos, cómo hacemos las cosas..., tal vez podríamos programar los robots igual, pero no lo sabemos; nosotros somos máquinas que aprenden, y ahora estamos haciendo robots así.

P. ¿Ha avanzado la IA tanto como se esperaba hace 50 años? R. Hace medio siglo se pensaba en computadoras gigantescas que podrían pensar, capaces de jugar al ajedrez y tomar decisiones inteligentes. Hemos progresado mucho en eso, pero también en hacer máquinas que se adapten al entorno. Hace medio siglo, el aprendizaje, la incertidumbre y demás eran objetivos lejanos y, sin embargo, se han alcanzado muchos logros concretos.

P. Pero los padres de la IA pensaban en máquinas similares al cerebro humano y ahora parece que los objetivos son más compartimentados. R. Hay investigadores que siguen persiguiendo la integración, el concepto de robot humanoide completo. Pero para integrar necesitas desarrollar múltiples componentes, abarcar lenguaje natural, traducción, aprendizaje, planificación, etcétera. Muchos nos ocupamos de profundizar en aspectos concretos. Eso lo hace también, por ejemplo, la medicina, con muchos médicos especializados en órganos concretos y otros que tienen una visión más global del organismo humano.

P. ¿Se imagina un robot humanoide capaz de ser un amigo? R. La exploración de las emociones, como el comportamiento amistoso, es un área de investigación en IA, y creo que sí, que es posible. La gente se encariña con estos perros robot, y se podrían hacer máquinas que mostrasen un comportamiento amistoso.

P. ¿Cómo será la IA dentro de 50 años? R. Espero que haya robots con los humanos, ayudándoles. Pienso en máquinas a las que uno pueda enviar al supermercado a comprar unas flores que se le han olvidado, o que le puedan sustituir en una reunión, robots que sean ayudantes, asistentes... o coexistentes.

FUENTE | El País-Futuro
Autor: Alicia Rivera
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